viernes, marzo 04, 2005

Crónicas de Wilderiano - Episodio I

Y en aquellos días sucedieron hechos notables en la región solonesa de Barrufetia que Wilderiano narró, con inigualable talento, de esta manera:

"Nuestra querida región de Barrufetia se encuentra conmocionada estos días por los graves sucesos del barrio del Camelo. Bueno, en parte, la población también se encuentra conmocionada por el terrible granizo que cayó durante la manifestación en favor de la adopción de arenques, pero esa es otra historia.

Lo que nos atañe es el hundimiento del tradicional barrio de la capital por culpa de las obras del Metro. - Hombre, nosotros nos ocupamos de hacer agujeros... Lo que ocurra en la superficie es cosa de los arquitectos -, comenta uno de los ingenieros de la obra. Los ciudadanos afectados, , mientras tanto, demandan soluciones para su situación - Pues mire, el agujero que me ha quedado no está tan mal. Más o menos se parece a mi casa, pero lo que me fastidia es que no puedo colgar cuadros porque en cuanto clavó una alcayata se provoca un desprendimiento de tierra - , nos apunta uno de los vecinos. Y digo yo, ¿qué hacen los políticos ante esta situación? Debatir, claro. Que si tú tienes la culpa, que si tu malcompras los picos y palas, que si el constructor era en realidad ginecólogo, que si a mis técnicos los agujeros no se les dan bien. Vamos un quítame estas migas que me ensucian la corbata. -Pues esto tendrá una solución cuando pase el tiempo y nadie se acuerde-, dice uno de los máximos representantes del pueblo, -¿Cuál?-, - Pues esa..., cuando pase el tiempo y nadie se acuerde -.

Pues digo yo que para cimentar podían rellenar el agujero con unos cuantos políticos. ¿Cuántos? Pues no sé, el 3% por ejemplo"

Crónicas de Wilderiano - Introducción

Tras años sin saber muy bien sobre qué escribir pero con la convicción de que no podía desperdiciar su pluma (su habilidad para escribir, se entiende), Wilderiano se decidió por el periodismo. Sí, aquella estupidez crónica que padecía no podía tener mejor salida que la de cronista. Así que hizo la mochila y se fue en busca de aventuras que poder contar con su afilada palabra y su gramática roma.

Vagando, vagando, llegó (no sin problemas con las aduanas) a Solonia, bello país de contrastes, brillos, colores y otros ajustes de imagen, donde dio con sus huesos en unos de los mejores periódicos de la ciudad - ¡Pero deje de golpear con el fémur la puerta, hombre de dios!-, y con tamaña le despacharon. Pero Wilderiano no se iba rendir tan pronto y aunque tuviera que trabajar en el peor periódico de la ciudad estaba dispuesto a cumplir su sueño de ser periodista. Y consiguió empezar su sueño, efectivamente, en el peor periódico de la ciudad, "El Vocero de la Siesta".

Sin duda sería un delito intentar reproducir el inimitable estilo de Wilderiano (en concreto, un delito de propiedad intelectual) así que a partir de ahora cualquier cita textual del mismo se señalará entre comillas y en cursiva. "Pues no se que decirte, hombre, porque así se me ven las inclinaciones". Haz un esfuerzo, Wild... "Vale, pero que conste que sólo lo hago por servicio a la Historia y por el bien de la crónica".

¡Ay Wilderiano, qué nos contarás!